La historia del idioma, a fondo
Cuando el japonés se escribía solo con kanji
Antes de los kana, para escribir japonés había que forzar los caracteres chinos. Una solución fue usar kanji por su sonido y no por su significado, como si fueran letras: se escogía un carácter que sonara «a» para escribir la sílaba a, otro que sonara «ka», y así con todas. Ese sistema se conoce como man'yōgana, por la gran antología de poesía del siglo VIII en la que se usa, el Man'yōshū. Funcionaba, pero era lentísimo: cada sílaba costaba un carácter entero, a veces de muchos trazos.
De ahí salieron los dos silabarios, por dos caminos. Escribiendo esos kanji deprisa con pincel, su forma se fue redondeando hasta convertirse en el hiragana: あ viene de 安 y い de 以. Los monjes que anotaban textos budistas tomaron en cambio solo un trozo del carácter, y así nació el katakana. A veces el mismo kanji dio los dos: 宇 se redondeó en う y se recortó en ウ, y 加 dio か y カ. Por eso los dos silabarios suenan igual y se parecen tan poco.
La corte de Heian y la literatura en kana
Durante el periodo Heian, de finales del siglo VIII al XII, la escritura seria de los hombres de la corte seguía siendo el chino. El hiragana, llamado entonces «escritura de mujeres», se usaba para la poesía, las cartas y los diarios. Y fue en kana donde se escribió la gran literatura de la época: la Historia de Genji, de Murasaki Shikibu, y El libro de la almohada, de Sei Shōnagon, obras de dos damas de la corte hacia el año mil. Están entre las primeras grandes obras de la prosa japonesa.
Esa literatura dejó más que libros. Asentó el japonés escrito con kana, que más tarde se mezcló con los kanji para dar la escritura que se usa hoy. Y retrató una sociedad cortesana muy pendiente del rango, en la que la manera de dirigirse a alguien decía quién era cada uno. Las formas de cortesía del japonés moderno no nacieron de un solo momento, pero ese mundo en el que el trato importaba tanto como el contenido es una de sus raíces, y ayuda a entender por qué el idioma cuida tanto el registro.
Meiji: palabras nuevas para un mundo nuevo
Cuando Japón se abrió a Occidente, en la segunda mitad del siglo XIX, le faltaban palabras para conceptos que no existían en su tradición: sociedad, economía, filosofía, ciencia. En vez de tomarlas prestadas tal cual, los traductores de la era Meiji las crearon combinando kanji, o dieron un sentido nuevo a palabras antiguas: 社会, 経済, 哲学, 科学. Muchas de ellas viajaron después a China y a Corea. Buena parte del vocabulario abstracto que se estudia a partir del N3 nació así, hace poco más de un siglo.
La otra gran transformación de la época fue acercar la lengua escrita a la hablada. Hasta entonces se escribía en un estilo literario que ya no se hablaba, y escritores y periodistas impulsaron escribir como se habla, con terminaciones como だ, である o です. A eso se sumaron la extensión de la escuela y la adopción del habla de Tokio como modelo del japonés estándar. El japonés que se aprende hoy, en gramática y en pronunciación, es en buena parte el resultado de aquellas décadas.